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Qué preguntarle a los abuelos para el libro del bebé
Escribir el libro · 4 min de lectura

Los abuelos tienen una parte de la historia del bebé que nadie más tiene: cómo eran sus padres de chicos, de dónde viene la familia, qué tradiciones se pasaron de generación en generación. Si no se pregunta, mucho de eso se pierde. Estas preguntas ayudan a que su voz quede en el libro del primer año.
Por qué vale la pena
Un libro del bebé contado solo por los padres está bien. Uno que suma la mirada de los abuelos es otra cosa: conecta al bebé con una historia más larga que él. Dentro de veinte años, leer cómo la abuela vivió su nacimiento, o qué hacía su papá a la misma edad, vale muchísimo.
Además, a la mayoría de los abuelos les encanta que les pregunten. Es una forma de hacerlos parte del primer año, aunque vivan lejos.
Sobre el nacimiento
Empezar por lo reciente suele ser lo más fácil: todos tienen algo para contar del día que nació.
- ¿Cómo te enteraste de que venía en camino?
- ¿Dónde estabas cuando nació y quién te avisó?
- ¿Qué sentiste la primera vez que lo tuviste en brazos?
- ¿A quién te parece que se parece?
- ¿Qué le dirías el día que lea esto?
Sobre sus propios hijos
Las preguntas sobre cómo eran los padres de bebés son las que más sorprenden, y las que más se disfrutan después.
- ¿Cómo era mamá o papá de bebé? ¿Dormía, lloraba mucho, era tranquilo?
- ¿Cuál fue su primera palabra?
- ¿Qué canción le cantabas para dormirlo?
- ¿Qué cosas eran distintas cuando criabas vos?
- ¿Qué consejo te dieron a vos que te sirvió de verdad?
Sobre la historia de la familia
Acá aparecen los nombres, los lugares y las tradiciones que, si nadie los anota, se pierden en una o dos generaciones.
- ¿De dónde viene la familia? ¿Quién llegó primero a la ciudad donde viven?
- ¿Hay algún nombre que se repita en la familia y por qué?
- ¿Qué comida o qué receta tiene que aprender a hacer?
- ¿Qué tradición de la familia te gustaría que siga?
- ¿Cómo era tu casa cuando eras chico?
Sobre el futuro
Cerrar con una mirada hacia adelante deja las mejores frases para el libro.
- ¿Qué te gustaría hacer con tu nieto cuando sea más grande?
- ¿Qué te gustaría que sepa de vos?
- ¿Qué le deseás para su vida?
Cómo hacerlo sin que parezca una entrevista
No hace falta sentarse con un cuestionario. Funciona mejor de a una pregunta, en un momento tranquilo: una sobremesa, una visita, una videollamada. Si los abuelos usan WhatsApp, mandales una pregunta por mensaje y pediles que contesten con un audio. A mucha gente le cuesta escribir, pero hablando cuenta todo.
Guardá esos audios: la voz de los abuelos contando cómo era su casa es de los recuerdos más valiosos que puede tener un libro.
- Una pregunta por vez, no todas juntas.
- Mejor en audio que por escrito, si les resulta más cómodo.
- Anotá la fecha y quién contestó.
- Pediles una foto vieja que vaya con la respuesta.
Si los abuelos ya no están
A veces las preguntas llegan tarde para alguien. En ese caso, se pueden hacer a quienes los conocieron: tíos, hermanos, amigos de la familia. «¿Cómo era el abuelo de joven?», «¿qué le hubiera dicho a este nieto?». Las respuestas, junto con una foto, ayudan a que el bebé conozca a quien no llegó a conocer.
Qué hacer con las respuestas
Las respuestas de los abuelos pueden quedar sueltas, pero lucen mucho más juntas. Algunas ideas para darles un lugar:
- Una página por abuelo en el libro del bebé, con su foto y sus respuestas.
- La receta familiar escrita con su letra, escaneada o fotografiada.
- Los audios guardados en una carpeta con el nombre de cada uno.
- Una foto de los abuelos con el bebé, al lado de una de ellos con sus propios hijos.
Sumarlo al libro del primer año
En MiSemanitas, la pregunta de cada semana les llega a hasta dos personas, cada una desde su WhatsApp. Si una semana quieren que la respuesta sea de un abuelo, pueden pasarle la pregunta, pedirle el audio o la foto y mandarlo al chat: todo lo que se manda esa semana se suma a esa semana. Y la dedicatoria del libro puede ser, también, una carta de los abuelos.
Si generan el link para compartir el libro, los abuelos pueden mirarlo desde su casa, sin poder editarlo, y lo pueden apagar cuando quieran.